El silencio. Para muchos, el silencio no existe. No hay un lugar en esta tierra donde no se oiga completamente nada. Porbablemente si algún día todo el mundo cierra su boca, nos ponemos de acuerdo con los animales para que no hagan el menor ruido, y nos vamos a un lugar completamente desierto sin viento, sin agua, sin nada que pueda sonar y todos aguantamos la respiración por unos segundos… probablemente escuchemos el sonido de la Tierra girando. De todas formas sería maravilloso. Me encantaría poder ser completamente sorda para saber cómo es no oir nada fuera de mi mente, pero me desesperaría al poco tiempo y ya estaría deseando volver a escuchar.
Pero no es ése silencio al que me quiero referir, sino el de nuestras propias voces. “Guardar silencio”. Cuando no hablas guardas silencio, lo dejas para tí y “prestas atención”. Dicen que el camino más largo es hacia nosotros mismos y que la búsqueda más complicada es la de nuestra propia esencia, entonces lo más fácil es empezar desde afuera y desde ahí ir hacia adentro. Debes conocer tu entorno, conocer a la gente. ¿Qué mueve a la gente? A muchos los mueve el dinero, a otros el amor, hay tantas pasiones como personas. ¿Qué buscan las personas? ¿qué les falta? ¿qué será de todos nosotros mañana?
Hay que conocer a las personas y no sólo a las que viven contigo, debes viajar y oír historias de diferentes voces. Nadie es completamente independiente (tema del que hablaré en otra ocasión) por lo que ganas una gran ventaja si sabes dónde se dirigirá la sociedad mañana. Nos faltan mil silencios cada vez que abrimos la boca, porque con la boca abierta, los oidos están cerrados.
Debo decir que tengo la suerte de conocer a mucha gente increíble. Puedo jactarme de tener muchos amigos de verdad (eso detener muchos amigos, pero sólo algunos son de verdad son patrañas, no hay que conformarse con las cosas a medias y tampoco con los amigos a medias. Debes seguir sembrando para poder tener mucha gente de real confianza a tu lado) y aunque estar con ellos me encanta y me hace muy bien, debo confesar que adoro estar sola. Soy ermitaña por excelencia. Aprendí fácilmente a disfrutar y saborear esos momentos en los que estoy sola en mi casa (o donde sea) y puedo pensar como se debe. Oír mis propios pensamientos es un placer inexplicable para mí que sólo podría compararlo con una buena conversación. Soy buena con la palabra, mas no siempre le doy un buen uso. Generalmente hago que la otra persona lleve la conversación y yo me limito a escucharla y responder en los momentos precisos, pero también soy buena para hablar y no dejar hablar hasta que haya dicho todo lo que tengo para decir.
En fin toda esta confesión es sólo para argumentar (por experiencia propia) que la palabra y el silencio tienen mucho poder y hay que saber usarlos bien. Según la cultura oriental, cada vez que hablas dejas salir parte de tu chi por lo que lo mejor es decir lo justo y necesario e ir directamente al punto (con lo que muchos escritores y dueños de blogs como yo nos iríamos a la ruina).
Comparte el silencio con alguien. Sentirás una agradable sensación si te sientas junto a alguien frente a un lago, por ejemplo, y dejan que el tiempo pase con ambos en silencio, ambos enfrascados en sus propios pensamientos que, de alguna forma están siendo compartidos.
Muéstrale el silencio a quien no lo conozca. Mucha gente se pone nerviosa cuandono tiene nada para decir y nadie esta diciendo nada y siente que ese incómodo silencio los consume. Éso es tenerle miedo al silencio y se relaciona directamente con el miedo a la muerte. Ambas cosas tendrás que enfrentarlas algún día y ojalá sea de la manera más digna posible.
Habla, pero no demasiado. Calla, pero deja el silencio de lado cuando sea necesario. Si dices algo mal, arrepiéntete, pero no te derrumbes ya que “aquel que nunca se ha contradecido, nunca ha hablado“.
Lo que dice la gente, óyelo, lo que dicen tus amigos, escúchalo, lo que no dicen tus seres más cercanos, siéntelo.
Increible,
saludos!