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  • Manu 12:26 am el October 10, 2010 Permalink | Responder
    Etiquetas: cuento, libro, mafalda, vida real   

    Un libro de verdad 

    Érase una vez un cuento sin situación inicial. No presentaba el lugar ni a los personajes, ellos siempre estuvieron ahí. El problema llegaba en seguida. Era esta historia un cuento recién nacido y así, en pañales ya había llegado al conflicto.
    El Rey ya había sido asesinado, el niño ya había sacado la espada, la joven ya había sido invitada al baile. Y así, con apuro, el Rey tenía que ser vengado, el niño tenía que usar su arma y la niña debía comprar un vestido.

    Llega el cuento al mundo buscando su propio desenlace: sin situación inicial, ningún autor lo quiso terminar. No lo leen en los colegios: se dice que algunos profesores intentaron imponerlo y los alumnos no lo pudieron ni empezar.
    Miles de libros fueron quemados, un cuento así ponía en peligro la literatura.

    Un cineasta loco quiso llevarlo a la pantalla grande. Una película empezada desde el medio. Pudo haber sido un éxito como tantas películas sin sentido hoy en día, pero ningún actor  quiso participar de ella. Aquellos que empezaron el guión gritaban que era una locura, que no tenía inicio y les daba miedo pensar en el final.

    Y así quedó en el olvido el cuento sin presentación, todos quienes lo leían se asqueaban. Lo describían como una historia insoportable.
    Nadie quería leer un libro donde a los personajes luego de ya empezado el quiebre.
    Nadie quería terminar un libro cuyo desenlace no es realmente claro.
    Nadie quería leer antes de dormir algo tan parecido a la vida real.

     
  • Manu 12:51 am el October 8, 2010 Permalink | Responder
    Etiquetas: cuento, mundo interior,   

    El principito Andrés 

    Había una vez un príncipe llamado Andrés. Su papá estaba siempre muy ocupado cuidando el reino y su mamá cuidando a los otros hijos, pero él como era el mayor no lo tenían que cuidar. Ese era Andrés, Andrés al que no tuvieron que cuidar.

    ¡Pero no había de que cuidarlo! Andrés no podía salir del palacioL.

    Pero a el no le importaba, el castillo era enorme, ¿para que conocer más? ¿Era necesario? ¡No! Tenía cientos de habitaciones y kilómetros de jardín para recorrer.

    Además, ¿que podía haber allá afuera? No tenia idea. Las rejas llegaban al cielo y estaban cubiertas por gruesas enredaderas… nunca vio nada afuera.

    Tampoco se vio mucho a si mismo, en el castillo no habían espejos y el agua era color coral, así que no veía su reflejo, solo a los juguetones peces nadando, siempre nadando.

    Pensarás que se aburría. Probablemente, pero él no lo notaba, ¡no conocía más!

    Podía pasar horas jugando en el patio solo, haciendo carreras contra los animales que pasaban por ahí.

    ¡Jugar a las escondidas era su juego favorito! ¡Se escondía y se quedaba en su escondite hasta altas horas cuando escuchaba que su mama lo llamaba para que fuera a comer!

    ¡O hablando con los peces! Que sólo nadaban, pero se sentía bien hablando con ellos sin respuesta, ya que soñaba que en algún momento, un pez le respondería y lo haría sonreír.

    Pero un día todo cambio: el día de su cumpleaños numero 16 como era tradición, a Andrés se le abrieron las puertas del castillo para que viera su reino. Pero tenia que recorrerlo solo.

    Andrés salio un poco tarde, por miedo. Siempre estuvo solo, pero siempre en su castillo, donde no entraba nadie que lo hiciera sentir mal, su castillo, su hogar, su lugar privado, solo suyo y de nadie más: su mundo.

    Ya salido el sol, Andrés dio un salto y salió fuera del palacio. Las puertas quedaron abiertas, pero prefirió seguir caminando.

    ¡Se encontró cosas nuevas! ¡Y vaya q cosas nuevas!

    Mucha gente, ¡demasiada gente! Hombres como su hermano y mujeres como su hermana, pero eran todos diferentes y vio que cada uno tenía un castillito en su mano, ¡pero lo escondían!

    ¿Porque escondían su castillito?

    Si yo pudiera llevar mi castillo en mis manos, ¡lo mostraría a todos para que vean lo lindo que es! – Pensó – aunque quizás lo normal es esconderlo…

    Un día vio que los aldeanos se juntaban para ir a una fiesta. Nunca había ido a una, pero hace tiempo, jugando a las escondidas, había escuchado a dos jardineros hablando de una. ¡Y se oían muy divertidas!

    Fue corriendo al lugar. Al principio no le gustó. ¡Mucha gente que parecía verlo y no importarle si estaba ahí al mismo tiempo!

    Pero después de unas largas horas se acostumbró ¡y empezó a disfrutarla!

    Vio como los hombres, como él, le pedían bailar a las niñas que estaban sentadas.

    El quería hacer lo mismo así que buscó a alguna niña sentada. ¡En eso encontró una preciosa!

    Que niña tan linda – se dijo Andrés.

    La saco a bailar y estuvieron así largas horas.

    Hasta que Andrés noto algo: ¡esta niña no escondía su castillo! ¡Eso le encanto! Y era el castillo mas hermoso que hubiese visto, incluso más lindo que el de él, pensó.

    A la mañana siguiente Andrés volvió a su castillo sin poder sacarse a su damisela de la cabeza y a su hermoso castillo.

    ¿Como olvidarla? ¡Era perfecta!

    A la mañana siguiente a primera hora de la mañana salió de su gran castillo, ya no tenía tanto miedo.

    Fue por todo el pueblo buscando a la hermosa princesa con la que bailó la noche anterior. Y la encontró.

    Ahí estaba, sentada en una silla con su castillito a los pies.

    Por desgracia, ella no estaba sola. Habían más príncipes alrededor de ella viendo su castillo (y a ella también)

    ¿Que hacer?

    No pudo hacer nada, volvió a su castillo y se quedó ahí hasta el día siguiente.

    Volvió a jugar a las escondidas, y se escondió y pensó, pensó, pensó.

    Hablo con los peces pero no le respondían, ¡aunque a él le parecía que si!

    Le decían:
    ¡Háblale!

    Ella no quiere hablar conmigo –respondía Andrés.

    ¡Háblale!

    No puedo… está con los otros príncipes.

    ¡Háblale!

    Y a la mañana siguiente se propuso a hablarle.

    Salió apurado del castillo y la buscó. La encontró en el mismo lugar de antes, con su castillito a los pies y con príncipes alrededor.

    La tomo de una mano y se puso a hablar con ella.

    ¡Hablaron! ¡Por primera vez Andrés hablaba enserio con algo que le respondía!

    -Me encanta tu castillo – le dijo en un momento la princesita

    -¿Mi castillo? ¡Pero si no tengo!

    -Si lo tienes, ¡en tus manos!

    -¿Yo?

    -¡Si! Todos tienen un castillo en sus manos, aunque uno mismo no puede ver el suyo.

    Hablaron mucho, y la princesa le enseñó más de lo que Andrés había aprendido en toda su vida. ¿Como no amarla si además de perfecta sabía tanto?

    Pero estaban los otros príncipes, y el principito Andrés veía como ella los miraba.

    Lo único que supo hacer fue ir a su castillo a hablar con sus peces y esconderse.

    ¿Que más hacer?

    Espera a que los peces te respondan principito Andrés, y cuando lo hagan, haz lo que te digan, porque siempre van a tener razón.

     
  • Manu 12:00 am el August 8, 2009 Permalink | Responder
    Etiquetas: cuento   

    Ella era buena. Por sobre todas las cosas, tenía un corazón puro. Además era bella. Claro que con el paso de los años, su belleza se fue volviendo más interna que externa, pero nadie que la vio alguna vez (y esto lo corroboro con los que lo hicieron) puede negar que toda su bondad se reflejaba en el exterior. Sobretodo en esos grandes ojos que tenía. Esos ojos felinos. Podía mirarte fijamente y su mirada piadosa era fácil de seguir. Tú sabías que ella no estaba viéndote, estaba estudiándote. Te atravesaba y veía lo que estabas pensando. Hasta hoy a veces lo hace cuando viene a verme en sus visitas fugaces, ya que nunca tiene tiempo. En realidad yo tampoco tenía mucho tiempo, por lo que cuando lo encontrábamos ambas solíamos regalonearnos. Y tú (y también yo) sabías que ella estaba feliz, porque cerraba los ojos y sonreía. Sonreía y hacía ese sonido, esa risa grave que juraría que es igual a un ronroneo. Eso lo seguimos haciendo cuando ninguna tiene nada que hacer. Nunca tuvo realmente claro qué tenía que hacer, pero siempre estaba haciendo algo y cuando no hacía nada se dormía en un sueño profundo. Era un sueño profundo, pero ligero. Cuando alguien llegaba a verla, se despertaba y corría a saludarlo con su voz chillona. En realidad nunca fue de muchas palabras, pero no le faltaban. Tenía la frase justa y necesaria para que supieras lo que quería decirte. Aunque generalmente no las usaba, era cosa de verla. La veías y ya sabías todo, porque tal como ella te veía a ti, se dejaba ver también (para ella todo era recíproco).

    Era increíble, con su andar sigiloso que nadie lo oía hasta que ya estaba a tu lado. Lo que nos causó tantas sorpresas como problemas cuando se metía en algún problema y era imposible encontrarla. Sobretodo cuando no quería ser encontrada. Siempre encontraba el lugar más difícil de llegar para que no la viéramos. Pero su buen corazón no la dejaba estar ahí por mucho tiempo si sabía que la estábamos buscando.

    Ahora acaba de despertar de una operación. En uno de sus juegos parece que se hizo una herida, la que se infectó rápidamente y hubo que drenar el pus. En realidad no lo sé, nunca nos lo dijo bien. Pero ahora está despertando con esos ojos grandes, más aun ahora con sus pupilas dilatadas por todas las drogas. Esas pupilas que aunque no están bien enfocadas en este momento me miran y me reconocen y me atraviesan y me estudian. La llevaremos a casa donde sé que caminará vacilante, tambaleándose por el efecto de la anestesia. Y ahora que la veo y la tengo en mis brazos lloro. Lloro porque sé que está vieja y sus días de burlar a la muerte se están acabando. Ya no puede recuperarse de sus tropiezos y heridas tan rápido. Lo ha logrado de nuevo, pero ya no le quedan muchas vidas. La tengo en brazos y vamos camino al auto que nos llevará a casa y mientras mi hermana me abre la puerta (porque yo tengo las manos ocupadas) me ve llorando y me dice “¿ningún niño quiere vivir más que su mascota verdad?”.

     
    • caldo 10:23 pm el agosto 9, 2009 Permalink | Responder

      WOW

    • yo la ale 12:13 am el agosto 15, 2009 Permalink | Responder

      ohhhh me encanto lo que escribiste, es tan como cuando se murio la nala.
      mandale saludos a la K.
      nice nice

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