Una entrada fea

Odio los mocos en el verano, son lo peor. Se endurecen súper rápido y quedan pegados a la piel de la nariz. ¿Qué sacamos con esto? Que si estás con alguien tratas de sonarte piolitamente, sacas un poco de confort o un pañuelito y empiezas despacito, como para que la otra persona crea que no es nada grave. De a poco vas notando que en verdad no bajan y tratas de empujarlos para abajo doblando el papel con el que te acabas de sonar o bien con las manos en un encubierto y a veces hasta tierno “gesto de ardilla”.
Por desgracia muchas veces estos malditos mocos son más astutos que uno y en vez de tener la conveniente forma lisa, tienen PUNTAS que cuando haces el movimiento roedor te pinchan por dentro. Pero claro, no quieres que la otra persona que ha visto toda la pelea contra tus mucosidades lo note así que te haces el que no pasa nada y te quedas con todo ahí, molestando cada vez que inhalas.

Insisto, odio los mocos en el verano. En invierno por lo menos se quedan en su estado líquido fácilmente evacuable. Son casi tan malos como la hora de empacar la compra del supermercado con todas esas bolsas que no se abren y la cajera que te va poniendo encima más y más productos y uno sigue en la primera bolsa que se niega a abrir la boca.